El baloncesto no se juega pensando: se juega sabiendo

En la temporada precovid estuve en San Petersburgo como ayudante de Joan Plaza. Como es sabido, Joan es un gran lector y durante unas semanas se engarzó con el libre del premio Nobel de economía Daniel Kahneman “Pensar rápido, pensar despacio”. Recuerdo algunas ideas que él comentaba sobre el libro, cosa que me hizo ponerlo en mi lista de libros por leer. Me lo compré casi inmediatamente, pero lo he leído dos años más tarde.

Kahneman explica que existen 2 formas distintas de pensamiento en los humanos. El que él llama sistema 1 que es rápido, automático, frecuente, emocional, estereotipado y subconsciente. Se encarga de generar intuiciones que nos sirven en la mayoría de las ocasiones, especialmente aquellas que requieren una respuesta inmediata, aunque no siempre. Y, el segundo, el sistema 2 que es lento, requiere esfuerzo, poco frecuente, lógico, calculador y consciente. Su función es la de tomar las decisiones finales, cogiendo como base las intuiciones del sistema 1 y dedicándole cierto esfuerzo a ampliarlas con más información y procesos racionales. Lógicamente el libro va mucho más allá que la simple definición poniendo en contexto y justificando empíricamente cada una de las conclusiones científicas que explica en el libro.

En nuestro contexto, se trata que el jugador o jugadora tenga el máximo de número de automatismos creados bajo el sistema 1, es decir, que sea capaz de actuar y tomar las decisiones bajo sus intuiciones y que estas sean las correctas en el contexto que se presenten. Es importante que el jugador sea capaz de tomar decisiones correctas sin procesar, sino que intuitivamente tome la decisión que él considere adecuada. Por un lado, no porque el juego requiere rapidez en la acción respuesta, sino porque el juego exige que la acción respuesta se tome en el momento adecuado y por tanto la decisión se tiene que tomar lo antes posible. Esto es conocimiento del juego: no deber de pensar la acción que se debe tomar, sino que está salga intuitivamente directa.

¿Qué pasa con los jugadores que piensan demasiado en la pista? Pueden pasar básicamente tres cosas:

  1. Que no saben o no tienen interiorizado la decisión que deben tomar. En estos casos la pregunta es: ¿Qué es mejor: pararse y pensar o actuar y analizar el resultado? Aquí está el dilema, especialmente en formación cuando debemos ayudar a construir la intuición (y el conocimiento) del jugador. La respuesta, no única, como siempre: depende. La riqueza en los procesos de aprendizaje favoreces la consolidación de conocimiento. Es decir, a veces, tareas debemos exigir que el jugador pare y piense anticipadamente, y en otras, como puede ser en momentos de partido, que actúe por su intuición y se equivoque. Pero en todas ellas, debemos educar que el jugador tome unos hábitos que favorezcan la focalización exclusiva en la toma de decisiones como por ejemplo el equilibrio del cuerpo, la gestión de la velocidad, el uso del contacto…
  2. Que buscan más pararse que actuar. Algunos jugadores dosifican esfuerzos en momentos donde no es conveniente y buscan justificarse con el hecho de estar pensando. A moverse, a actuar y a tomar decisiones. Queremos jugadores activos, que les motive el hecho de estar implicados en la acción, aunque esto signifique incluso muchas veces estar parados pero preparados. Estar preparados para ayudar cuando la decisión lo requiera y en el momento adecuado. No pararse por evitar esfuerzo o por no atreverse a tomar decisiones. Hay que invitar al jugador a no pararse y a confiar que debe tomar decisiones para su mejora.
  3. Que piensan que es lo mejor para ellos mismos por encima de que es lo mejor para el equipo. Muchas veces estos buscan razonablemente justificar una decisión que toman poniendo por encima del bien común, su interés personal. Esto se puede mostrar en un mal tiro, no dar un pase a un compañero, evitar dar una falta al equipo, o no hacer una ayuda por miedo a quedar en descubierto. Generalmente, estás decisiones provocan que el jugador deba pensar y frecuentemente dudas lo que hace exteriorizar estas acciones y que queden al descubierto. Aunque el jugador no cambia repentinamente, hay que penalizar al jugador que toma este tipo de acciones.

¿Cómo se mejora al jugador en esta toma de decisiones intuitiva? Pues tomando decisiones, es la única manera. El aprendizaje no es reflexivo, sino que la reflexión refuerza la mejora, pero el aprendizaje es vivencial y hay que equivocarse activamente para la mejora. Generando situaciones parecidas que se asimilen a las reales es un método que ayuda a la interiorización de toma de decisiones. Luego está la capacidad de cada uno de aprender sobre las acciones que cada uno ha tomado, y parte de esto también forma parte del talento individual, aunque los procesos de mejora son, muchas veces, inexplicables. Debemos explicarles en detalles aquellos errores que van cometiendo pero, al mismo momento que ello, hay que ponerlo en práctica. Es la única manera: vivirlo.

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