La madurez del jugador

Tras unos meses sin escribir y con muchos temas pendientes, es el momento de reengancharme. ¿Qué es la madurez de un jugador? ¿Qué importancia tiene en su rendimiento y en la aportación del jugador al equipo?

Lógicamente no afrontamos este artículo con la idea de hablar de la madurez física, técnica o táctica, a pesar que especialmente la última está claramente influenciada por la que trataré en este artículo: la madurez psicológica del jugador.

Considero que está es la capacidad que tiene un jugador o jugadora para afrontar los diferentes acontecimientos de la vida deportiva de manera equilibrada. No tiene nada que ver con la edad madurativa, aunque si es verdad que cuando más mayor es el jugador más es capaz de controlar sus emociones hacia los intereses que él considera del equipo, también considero que cuanto más mayor más cuestan cambiar algunos hábitos de inmadurez que están muy asentados en la personalidad del jugador. Además, en los jugadores más veteranos aparecen retos que desequilibran al jugador y muestran déficits que antes quedaban un poco cubiertos por el momento óptimo de rendimiento. Deben adaptarse a las nuevas capacidades físicas debilitadas por la edad y darles más importancia a otros aspectos de su juego u otros roles dentro del equipo. En este momento es cuando el jugador vuelve a demostrar si es capaz de entenderse a sí mismo y si su estado de madurez está al nivel de su experiencia como jugador.

¿Cuál es el aspecto más relevante de los jugadores maduros? La siguiente: su cabeza está focalizada en su actitud, en su esfuerzo y en el juego, como explicaba Alan Stein en “Raise your Game”.

Para mi hay dos aspectos que suelen salir en jugadores inmaduros. El primero es que muchas veces son incapaces de separar sus intereses personales con los del equipo. No focalizan en aquello que deben hacer para hacer crecer a sus compañeros, al equipo y conseguir un mejor rendimiento tanto inmediato como de proyección. Y segundo, que son fácilmente abandonables, es decir, que se abandonan cuando aparece la adversidad.

No es que los maduros sean mejores jugadores, no tiene porqué, aunque estos son más sólidos en sus virtudes; en las suyas, llegando a acercarse a su máximo. ¿Puede que un jugador inmaduro sea mejor? Si, claro, pero el objetivo personal debe ser llegar a el propio máximo. Los jugadores maduros son jugadores son sólidos en sus virtudes, tanto dentro pero especialmente fuera de la pista. Estos ejecutan en la excelencia en el juego, pero al mismo tiempo son capaces de abrir los ojos más allá del juego, involucrándose y dándole importancia a aspectos que ayudan a consolidar el equipo.

¿Cómo puede madurar un jugador? Primero, comentar que los cambios no son fáciles en un jugador, como en cualquier persona. Hace falta que esté este implicado al máximo en el cambio que queremos producir. Debe ser su prioridad ya que muchas veces queremos cambiar un aspecto de nuestro juego o nuestra personalidad, pero estamos immmersos en otro miles de aspectos que no dejan que el primero se produzca. Hay que ser conscientes que para cambiar con cierta celeridad se necesita una inversión de esfuerzo máximo priorizando esta por delante de otras cosas.

Hay una manera básica de madurar: EXPERIENCIANDO, es decir, en la pista, en el equipo, en el trabajo, en el baloncesto, y reflexionando (pero actuando) de todo lo que acontece con el fin que el equipo consiga sus objetivos. Un jugador crece superando la ADVERSIDAD, como siempre dice el gran José Ángel Samaniego. Y en este solamente vale un camino: no lamentarse y no abandonarse. Luchar para encontrar caminos que nos hagan progresar en esta adversidad. En caso contrario, es decir, cuando un jugador se lamenta o se abandona, suele ser resultado de inmadurez.

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